esa efervescencia de los pocos años,
las voces de cuchillo que aflojaban piernas,
los brazos encadenados formando multitudes?
La bestia irrumpió en el seno
y se tragó a sus hijos.
Arrogancia fría que no permite cabezas más altas
ni ideas de fuego.
La tierra está seca de tanto llorar.
Llora de sangre, llora por su elegía.
Ni el sol ni el tiempo difuminan recuerdos
Las sombras de piedra evocan carreras por la vida.
Los matamos, ¿y qué?
Grita el elefante de traje y corbata.
Economía versus bienestar.
Era justo y necesario, decía.
Latigazos de hierro para el imberbe que osó pensar,
que agitó sus manos.
Ahora sólo el silencio cubre la pena,
Las almas caminan sin descansar.
Y el pueblo de México ya sin rostro sufre de amnesia.
Eleonora Fernández