viernes, 20 de diciembre de 2019

De nada sirve caminar bajo un cielo bellísimo


Comentarios sobre Tratado de bengalas de Alma Karla Sandoval

Un tratado es un documento escrito que aborda extensa y ordenadamente una materia determinada, en el caso de este poemario Tratado de bengalas, Alma Karla Sandoval (Jojutla, Morelos, 1975) nos presenta una obra sobre el fuego, el resultado es un incendio. Poema tras poema, encontramos un paisaje natural en llamas, es el incendio que inicia desde la oscuridad (como ocurre en muchas historias, es decir desde las sombras) y se propaga sobre la noche hasta el amanecer, es ahí donde miramos el resultado del siniestro; lo que resultó de su hambre; lo que inevitablemente dejamos atrás, abandonamos, para no ser (también) alimento para las llamas.

Es como si se hubiera vuelto llama lo que encuentra
cada ojo:
 […]
La carne es cirio:
se quema igual que el horizonte;
[…]
orquídeas silbantes quemando el esqueleto.
La madrugada, ramo agónico. (pp.11, 12, 13)

Este 'tratado' esta ordenado en tres segmentos: Lo muy oscuro, Lo que calcina y Lo que alumbra, en cada uno de estos, al inicio, la poeta ha dispuesto tres epígrafes que asoman al lector a cada capítulo. Por ejemplo en Lo muy oscuro, cita, del poeta colombiano Juan Manuel Roca los siguientes versos«No hay coyote ni chacal, no hay hiena ni jaguar, […] que no huyan cuando el fuego conversa con el aire»
Esta voz de augurio la encontramos en los versos de Alma Karla quien inicia los poemas Oración del transeúnte (p.16) y En la frontera (p.20) con:

Vi una cabeza ser péndulo
[…]
Todas las aves cayeron del cielo un día

Versos que se comunican con otras obras mexicanas, también muy recientes:
«Lloverán cabezas sobre México» escribiría Juan Carlos Bautista o «Cabezas colgando de un árbol / como esferas. // Un siglo nuevo.» en el caso de Xel-Ha López, ambos poetas junto con Alma Karla Sandoval arrancan sus poemas o poemarios con esas líneas, anuncian lo doliente. Vivir en este país no es gratuito:

EL PAÍS EXTRAÑO (fragmentos)

Ven, están matando gente afuera.
Haremos de la sangre un recuerdo lejano.
Soy tu mujer imaginaria.
[…]
Te puedo hablar de lo que nunca sucede,
con mi chistera en medio del terror y de la pólvora.
Están matando gente afuera.
[…]
¿Quién va a salvarse de esta ceremonia oscura?,
¿con qué ojos sino los tuyos que alimentan
la conversación en Comala?
[…]
Sueño que vienes, pero siguen matando gente afuera
y nos quedamos haciendo la vida al otro lado del ventanal.
Lo básico, eso te doy: flores ardiendo en la tormenta;
mi mano, si nos movemos entre cadáveres de niños;
mi boca en tu mente que nos busca
igual que el náufrago una bengala. (p.22)


*
Con madurez poética, observable en su destreza con el lenguaje, referencias literarias y una riqueza de imágenes, Alma Karla reúne por un lado, una palabra inventiva que ágilmente se eleva y por el otro una que golpea el suelo hacia una compresión social de su contexto, porque de nada sirve caminar bajo un cielo bellísimo (p.35); continuamente la poeta mientras se abstrae en la plasticidad de su palabra también interrumpe el hilo de ese pensamiento: Coatlicue responde: Voy en un taxi y te voy a hablar del viento. […] El taxista también […] Sube el vidrio. / Me pregunta: / ¿Le molesta el aire, / señorita? (pp.17-18)



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Portada de Tratado de bengalas, a la derecha Alma Karla Sandoval, octubre de 2015.  Fotografía: Antonio Nava


Escribir cuando el silencio es garantía de seguridad, es una postura política. Alma Karla en una entrevista cita el caso de los escritores Marosa di Giorgio y Aurelio Arturo, quienes en momentos de revueltas sociales, “se inventaron mundos propios, huyeron a sus reinos poéticos, esa fue, quizá su enorme denuncia” menciona. La escritora originaria del estado de Morelos, ha levantado en este poemario su propio jardín: ciruelos, mariposas, sauces, palomas; paraíso al que en un segundo acto de valor, le ha prendido fuego.

Tal vez mi casa este sobre los sauces
y seamos niños que juegan a salvarse del mundo.
Quizá no.
[…]
Imagino un aro de fuego cuando él duerme. (p.39)

Irse, ser desplazados por la furia de ese incendio se convierte directamente en una alegoría sobre México, siguiendo a Place y Fitterman (2013) Tratado de bengalas es una metáfora extendida de un país en guerra, que manteniendo su estilo, su abstracción literaria, dice de manera oblicua los conflictos de su tiempo. Alma Karla Sandoval, a plena conciencia de esto, nos comparte un poemario que de principio a fin se vuelve un exilio desde el asombro, el horror y finalmente el seguir pese al desastre, pese a todo: Sabemos distinguir entre balazos y bengalas. (p.61)

*
TRATADO DE BENGALAS, se publicó en nuestro país en 2015 bajo la editorial Mantis Editores.
ALMA KARLA SANDOVAL es escritora y periodista mexicana. Egresada de la Escuela de Periodismo Carlos Septién García y de la Escuela de Escritores de la Sogem. Autora de más de una veintena de libros, algunos de ellos, en poesía: Vaga forma de acercase a la luz para quemarla (2015), Beijin entonces (2015); en narrativa, Todos los mares llevan a Virginia (2014), Desde el corazón siberiano (2018); en ensayo, Cartas a una joven feminista (2018), y próximo a publicarse Necroescritura de los días muy vivos, con fecha de 2020. En 2013 acreedora del Premio Nacional de Poesía Ignacio Manuel Altamirano con Tratado de bengalas y en 2015, del Premio Nacional de Narrativa Dolores Castro con la novela Cuaderno negro para el ojo.


Bibliografía
Fitterman, Robert y Place, Vanessa. Notas sobre conceptualismos, trad. Cristina Rivera Garza, Conaculta, México, 2013.
Sandoval, Alma Karla. Tratado de bengalas, Mantis Editores, México, 2015.
Recursos electrónicos:
Roa, Juan Pablo. La poesía de Alma Karla Sandoval: un cordón umbilical de días sin nadie (2019, 9 de abril) Revista Animal Sospechoso. Disponible en <https://animalsospechosoeditor.com/la-poesia-de-alma-karla-sandoval-un-cordon-umbilical-de-dias-sin-nadie/> [Consulta: 2 de noviembre de 2019].


giovanni@adncultura.org

jueves, 19 de diciembre de 2019


Dulce spoiler a unas notas portuguesas
Carlos A. Colón Ruiz





Visité tierra azteca por primera vez en el pasado mes de julio. Decir que visité es mucho, la realidad estuve cuatro días en una pequeña parte de Ciudad de México. Entre tantas experiencias mencionables, estuve en el Barrio Coyoacán y las Pirámides de Teotihuacán. Compré Notas outsiders en una mañana portuguesa de Alma Karla Sandoval en la librería El Sótano junto a otros libros de José Emilio Pacheco y una edición mexicana de El Aullido y otros poemas de Allen Ginsberg, entre otros títulos que no se consiguen en librerías puertorriqueñas. Leí el libro entre México, Guatemala, Costa Rica y finalmente en Puerto Rico, todas las noches cuando llegaba de alguna actividad o evento.
El libro de Alma Karla se divide en tres partes, o como me gusta decirle, carpetas: 1. Lisboa de tocador, acompañada de veintisiete notas, 2. Un diario que no es diario, acompañada de veintiocho pequeñas crónicas, y 3. Aforismos exacerbadamente libres en torno a la literatura y sus malestares, acompañada de cinco aforismos.

Hace unos años, cuando comencé a leer por placer y conocer mis primeros autores, leía con gran admiración a Gabriel García Márquez y sus obras: Cien años de soledad, Crónicas de una muerte anunciada, El amor en los tiempos del cólera y por algún tiempo mi favorito, Memoria de mis putas tristes. Tengo hasta una foto junto a su estatua en la Casa de los Poetas en La Habana, Cuba. La nota, ‘El papá grande de mil flores amarillas’, nos hace cuestionar la obra de El Gabo y sus tantos personajes; una atmósfera de patriarca con fetiche de héroe me dejó entender que, se debe admirar por su labor escrita, pero cuestionar su creación literaria alrededor de sus personajes mujeres, muy bien pregunta Alma Karla: “¿Cómo les va a las mujeres en las obras de García Márquez?”

Por su traducción, outsiders significa marginada o marginado, y en ‘Nosotras, las Outsiders’ leemos una confesión enlistada de la vida literaria de la autora y sus colegas, como se mueven las fichas en el mundo de la palabra. Es una nota llena de diversos sentimientos que poetas de festivales, experiencias editoriales, y muy bien, marginados, podrían identificarse, en especial si es mujer. Entre diversas notas marginadas, encontramos listas, cartas, confesiones, crónicas, consejos, reseñas. Alma Karla entró en su vida para regalarnos una mañana portuguesa.

De su libro me llevo el dolor de la segunda carpeta ‘Un diario que no es un diario’ que relata algunas pequeñas crónicas desde el 3 de abril de 2005 al marzo 2007. Y admito, en mi nota sobre sus notas, que mi familia comienza a mudarse a los Estados Unidos, un sentir de despedida horrendo que me dejará desmantelado en la isla, así como también siento que la autora, Alma Karla, debió sentirse con las pérdidas de sus queridos compañeros en Colombia.

Por último, aforismos y/o declaraciones que, aunque aparecen en listadas, las identifico todas como escritos diversos. Estas breves declaraciones parecen surgir de una conversación cualquiera, pero al mismo tiempo son bien pensadas y bien medidas. Un colega me hubiese dicho que son islas en el fin de un inmenso continente.

Un joven lector debe tener Notas outsiders en una mañana portuguesa. Sandoval motiva al lector a retomar a los clásicos de Borges, Cortázar, García Márquez y claro, Roberto Bolaño. El mismo fomenta un lente crítico en el lector, cuya misma motivación hace retomar algunos de los mencionados escritores y utilizar ese lente que muchos jóvenes escritores solemos tambalear. Es decir, estas notas son un prerrequisito para comentar o retomar a los escritos de estos escritores. También porque viene con otras notas que sirve de inspiración, consejería y mentoría, tales como ‘Narrar’ y ‘Cómo escribir una novela de iniciación’ (spoiler; consejo 10: llorando). 

Alma no lo hace presente, pero con su lectura puedo sugerirle a los jóvenes lectores que estas notas crean un sentido de idea sobre instrucciones literarias, que no son instrucciones, pero que podrían ir acompañadas cuando leemos cualquier libro, cuando hablamos con alguien que apreciamos, cuando escribimos, cuando hacemos una idea de lo que queremos ser en nuestras vidas. Claro, notas.

miércoles, 11 de diciembre de 2019

Entre Zapata y una mujer vestida



 


Es que a mí no me engañas, cariño, pero voy a escribirte para que no piensen que no soy nacionalista, que no me he dejado contagiar de ese virus y sus fiebres esperanzadoras. Nada más para no llevarles la contra porque dentro de poco eso será casi un pecado mortal. Decía que te conozco, me enseñaron a quererte desde pequeña, y si no, pues al menos a mantener distancia mientras las otras y cuando crecí, también yo misma, suspiraba. Todo lo bueno: el epítome del valor, de la masculinidad, del decoro, de la moral, de la gallardía, de la vergüenza, recaían en ti como lluvia que atajaba tu sombrero de ala ancha.

Siendo morelense, pues ni hablar, a quererte, a respetarte, a guardar silencio el 10 de abril, a celebrar tu ceño fruncido, tu gesto de hombre enojado, indignado porque nos han dado la tierra y nos la han quitado, porque esa imaginería, ese constructo, ese pedazo de concreto o de lodo, la tierra, es de quien la trabaja con sus propias manos –sí, como el orgasmo –, así que mejor pensar en la tierra como una idea de caña, de arrozal, de monte azul, de calor, de canal con agua fría que viene corriendo desde los volcanes donde la libertad de la que hablabas era posible. Patrañas, cariño. Pero voy a seguirle para que no digan que no te veo como un Pedro Infante de las armas con un estilazo para vestir del que carecieron Victoriano Huerta, Carranza o Villa. Ninguno como tú, entrañable cuatrero. Ninguno con ese bigote pobladísimo. Toda hipérbole era poca cosa a tu lado. No sé cómo no te despeinabas, válgase la comparación con el juarismo. 

Entre amarte y temerte había tan poca distancia que el deseo era total, rotundo, omniabarcante; zapatista el deseo y su misma forma de desearte, lindo capataz, pero capataz al fin y al cabo. Por mucho que te aplaudan, te llenen de coronas de crisantemos baratos. Por más museos, bustos, reivindicaciones, libros, leyendas, hijos y amantes hombres que te cuelguen como santos de cera empuercada por la fe, a mí no me engañas. Yo no perdono la revolución porque fue guerra y no porque no me hayan enseñado a glorificar su desastre, no porque no lo haya aprendido para sacar diez en Conducta y en Historia, pero ahora dudo, guapo. Ahora que tengo dos dedos de frente y lecturas como para echarte la culpa de lo que pase como en una canción de Cuco o en un poema de José Alfredo. Ahora más que nunca porque una verdadera revolución, no como la tuya, nos hace falta. Lo tuyo fue pura orgía y puro cuento porque militaste del bando de los fuertes, aunque nos hiciste creer que defendías a los campesinos. 

Lo digo por ese aire de arrogancia, tanta suficiencia, tanta seguridad, tanto poder, tanto machismo, tanto váyanse a la chingada con su politiquería, con sus acuerdos. Ay, qué hermoso era tu pragmatismo. Pero tenías claro y no lo que querías. Te sentaste en el trono y fue un error. Posaste para la foto con el águila detrás. Tomaste lo que quisiste. No tuviste miedo, firmaste. Provocaste. Dirían que moriste igual que tu angélica llegada al mundo. Sólo eso les hace falta escribir. No, les falta mucho porque van a encontrarte virtudes que ni querías representar. Tu performance lo sabías de memoria, darling, eso sí te reconozco, que hayas sabido engañarnos, disfrazarte de héroe. ¿Qué es la lucha sino una representación entre fuerzas? Pero no entre el bien y el mal, sino entre el mal y lo peor. Lo sabías porque no nos hagamos, de que no eras tonto, no eras tonto. Hasta supiste la hora en la que te iban a matar y no te importó. Precioso suicida, a eso no se juega.

¿Deseabas morirte?, ¿por qué no lo dejaste dicho en una carta?, ¿a qué amante en turno se lo confesaste? A ninguno, claro, porque los hombres no se rajan, no muestran dolor, incertidumbre, los hombres siempre quieren vivir para seguir compitiendo. Pero jamás hincado, eras demasiado bueno para ser verdad. He ahí mi problema, querido: no hay nada más triste que invertir la vida en la vida que quiere ser una leyenda. Aunque se logre porque esas épicas, necropolíticamente hablando, un cuento de hadas sucio. Sí, cariño, soy cínica.


No aprendí a respetar la memoria porque es una imposición como un cartón donde me dicen qué valores debo cultivar en una tierra que no es jardín, que es una inmensa fosa común, un lienzo que ni Dante imaginó. Y es la pura verdad. No creo que hayas fusilado a tantos. Y no me quito el vestido porque no eres Villa, no sé si estés de humor y hoy no me ofrezco.