lunes, 28 de septiembre de 2020

 

Micropolíticas de resistencia o poéticas del dolor

Texto para la presentación del libro

Necroescritura de los días muy vivos de Alma Karla Sandoval

Alexander Devenir 


 

Micropolíticas de resistencia o poéticas del dolor

Texto para la presentación del libro 

Necroescritura de los días muy vivos de Alma Karla Sandoval

Alexander Devenir 

 

El pasado treinta de agosto fue el día internacional para reflexionar sobre las desapariciones forzadas en el mundo, al respecto nuestro país adolece de una crisis humanitaria que la agenda política no visibiliza y menos en tiempos de COVID. La violencia estructural es compleja y tiene varios rostros. El ensayo de Alma Karla Sandoval Necroescritura de los días muy vivos nos lleva por un recorrido sensible y respetuoso sobre las implicaciones que tienen los feminicidios, la lucha por la dignidad y el derecho a la memoria a través de un lenguaje que desborda la prosa poética y nos demuestra que las poéticas del dolor son una política de resistencia contra la violencia.

Cada vez pareciera que nuestras vidas son administradas no solo por Estado Nación que dicta qué vidas merecen ser vividas, sino también la vida misma cayó en la administración por parte de los medios de comunicación, que no dejan de ser empresas, o la empresa del narcotráfico o qué decir de la trata de personas, pensemos en los indocumentados centroamericanos desaparecidos (como lo ensaya Alma Karla en su libro con motivo del poemario de Rodrigo Balam). Todas estas formas de poder pasaron de un régimen de la biopolítica, centrado en la vida, a uno de la necropolítica como régimen de la muerte, es un tétrico revés que centra su atención en la aniquilación. Alma Karla la describe como la más “brutal de las formas de poder (…) donde el gobierno de una población aplica las técnicas de muerte sobre una parte o la totalidad de los individuos en aras de una supuesta identidad nacional”. Está demás mencionar que esa identidad nacional es patriarcal, machista, misógina y homofóbica.

En palabras de Violeta Parra la violencia en todas sus formas “son un monstruo grande y pisa fuerte”, es un monstruo que evoluciona, se camufla, sobrevive en la invisibilidad, a veces adopta la forma del mejor amigo a quien más confianza se le tiene o incluso cualquier integrante apreciado de la propia familia. Pareciera que no hay escapatoria, pero sí la hay y Necroescritura de los días muy vivos es un claro ejemplo de refugio.

Siempre me ha inspirado la obra de Alma Karla, en este ensayo me sorprendió la manera en que se presentan las diferentes ideas en cada una de los tres apartados del ensayo. El acierto es que la discusión, el análisis y el testimonio que Alma Karla recoge al “escribir al menos una página por cada feminicidio del que se informó en redes sociales durante una semana” no queda en un registro de lo teórico sino tiene una afectación física sobre el lector, uno no puede ser indiferente, uno tiene que hablar “alzar la voz” sobre lo que se ha conocido a través de la sensibilidad de la mirada de la ensayista.  La propuesta  de resistencia, lucha, sororidad, de refugio se va tejiendo finamente con un lenguaje literario.

El año pasado en una plática con Alma Karla me dijo unas palabras que me quedaron en lo profundo de mi corazón, con mucho cariño me dijo que “la resistencia a la necropolítica es el amor, amar siempre será la mejor resistencia”. Alma Karla también es una artista comprometida y sincera, al leer su libro sentí la vitalidad y honestidad de su voz, se puede apreciar su voz ensayística en cada página del libro.

Podría hablar mucho de la riqueza de este ensayo pero me gustaría más invitarlos a tener su propia experiencia de resistencia. El libro está conformado por tres apartados el primero se titula ¿Exiliarse? El segundo es “Sobre el desencanto o el necro amor” y el último es “Salvoconducto”, este último apartado abre con un epígrafe de Adalber Salas Hernández, dice que las palabras serán nuestra salvación, y a través de todas las páginas del libro de Alma Karla confirmo que así es: el salvoconducto a toda esta violencia son las palabras que versan una poética del dolor que es al mismo tiempo una política de resistencia, una lucha transformadora.


jueves, 24 de septiembre de 2020

 



Septiembre de 2020

 

“Un mundo letal, comentario sobre Necroescritura de los días muy vivos

de Alma Karla Sandoval”

Gustavo de Paredes




No se puede culpar a la escritora morelense Alma Karla Sandoval de plantear la posibilidad del exilio. La cuestión es adónde, si el mundo danza en torno a las hogueras del caos.

En su más reciente entrega, Necroescrituras de los días muy vivos[1], Sandoval pone ante los ojos del lector un mapa compacto de la atmósfera necrológica que envuelve a la humanidad desde épocas muy remotas, pero sobre todo destaca cómo, luego de trasponer linderos y centurias, ha adquirido carta de residencia en México.

La autora nos dice que gestó el libro entre el 29 de mayo y el 8 de abril de 2019, bajo la idea de escribir una página por cada feminicidio cometido en nuestro país y reportado en las redes sociales por fuentes confiables. El resultado es una obra escalofriante e irónicamente reflexiva, que aborda la incidencia de los medios, las plataformas digitales, el periodismo escrito, la literatura y otros elementos culturales ―si no es que civilizatorios―, en la violencia social, particularmente contra las mujeres.

Un rasgo muy interesante del ensayo es el sustrato filosófico que lo articula. De la diversidad de pensadores a los que Sandoval recurre, extraigo al filósofo camerunés Achille Mbembe, cuyas cavilaciones acerca de la “necropolítica” y la “necroeconomía” se encaminan a analizar las formas en que el Estado contemporáneo domina a los gobernados.

Podría decirse que no es el “ogro filantrópico” de Octavio Paz lo que prima, sino una maquinaria necrológica muy bien aceitada que fomenta la creación de vínculos perniciosos entre la política liberal y el capital privado. Sus prácticas, de profundo espíritu imperialista y colonizador, tienden a deshumanizar a la gente, susceptible a adquirir las cualidades de un objeto, y en ese sentido, a ser desechada, anulada o desaparecida del tablero de la vida.

En tal contexto, los engranes de la necrología son reticentes a reconocer el pensamiento crítico, la sensibilidad lírica y la disidencia lúdica y procuran asfixiarlos; a la par, estandarizan la conducta social, anestesian la empatía y fomentan la violencia, expresada de tantas formas que mueven a pensar en la monstruosa Hidra de Lerna a la que se enfrentó Heracles.

Hace unos años, el escritor y periodista Carlos Rubio Rossell entrevistó a Carlos Fuentes. El autor de La muerte de Artemio Cruz y Aura manifestó su preocupación por el proceso de transición que vive México, en consonancia con el mundo. “Creo que vamos a algo así como el siglo XIII”[2], dijo. Esto significa que aun cuando los avances en materia tecnológica y científica han arrojado luces vitales sobre millones de personas ―que de otra forma continuarían postradas bajo las sombras de la miseria, la insalubridad y la exclusión―, el desarrollo de otros ámbitos, como el educativo y el cultural, registra un grave retroceso. Tal cosa ha franqueado el paso al señorío de la vacuidad, la estulticia y la intolerancia, caudalosos afluentes de la opresión.

Los medios de comunicación masiva fungen como herramientas eficaces de esta problemática. Sus emisiones moldean a la sociedad a través de la música grupera, las cumbias, los narco y sexo corridos, los reality shows, los stand-ups…, y arrastran consigo a otras industrias, en particular a las casas editoriales, que en un afán mercadotécnico ―y con frecuencia de supervivencia― publican obras ayunas de calidad ―“carroña”, apunta Alma Karla Sandoval―, con lo cual se convierten en eslabón de la cadena, abundante en sombras mortuorias.

Sandoval nos recuerda que nuestra nación ha sido y es un semillero de homicidas: “Las Poquianchis”, “El caníbal del Estado de México”, “El coqueto”, “Los Acapulco Kids”, las mafias del crimen organizado; ellos y una gruesa caterva más son parte del negro polvo de letalidad que desde hace mucho se esparce entre una frontera y otra de México con la connivencia de los medios, pero también de la prensa roja y amarilla, el ciberespacio y un enorme cúmulo de producciones literarias, para el que la Literatura carece de significación frente a los índices de ventas. Estos elementos han contribuido a generar la “necroescritura”, que la autora morelense, preocupada por el morbo, la insensibilidad, e incluso los crímenes que suscitan, fustiga con razón.

El escritor Mario Vargas Llosa recuerda que su colega Tomás Eloy Martínez aseguraba que los medios contemporáneos convierten “a las víctimas en piezas de un espectáculo que se encuentra como información necesaria, pero cuya única función es saciar la curiosidad perversa de los consumidores del escándalo.”[3]. Le asiste la razón al autor de Purgatorio y La novela de Perón, y por supuesto a Alma Karla Sandoval. El ser humano de finales del siglo XX y las primeras décadas del XXI, está atrapado en una narrativa que se caracteriza por fuertes contenidos de escatología y vulgaridad, crímenes seriados, actos sadomasoquistas y desviaciones sexuales.

Por otra parte, considero justo decir que Necroescritura de los días muy vivos evade la arquitectura de los ensayos tradicionales y abraza tanto al “centauro” de Alfonso Reyes como al “ornitorrinco” de Juan Villoro. Con esto destaco que tiene una intención artística y múltiples afluentes lúdicos que Julio Cortázar y Roberto Bolaño, dos de los escritores más avezados en jugar con las letras, habrían aprobado mientras un par de cigarrillos se inmolaban en sus labios.

Desde el mismo título se observa un juego de imágenes contrapuestas que se repite de muy distintas formas a lo largo de la obra. Y a ello se suma la intertextualidad, manifiesta en forma de verso, misiva, credo, cita, aforismo... En síntesis, los recursos literarios a los que recurre Alma Karla Sandoval permiten aligerar la espesura de un tema que de suyo no lo es. ¿Encuentra, esta insondable feminista, autora de obras como Ciruelas para los jinetes y Desde el corazón siberiano, una respuesta a la barbarie que día con día esparce la necroescritura ―la necrocivilización―, orillando a millones de personas a buscar una puerta de salida, una ruta de escape, el distante exilio? Nos da una pista: “sólo poéticamente… ya tú sabes.”



[1] Ensayo ganador en la Convocatoria de Obra Inédita 2019, organizada por la Secretaría de Turismo y Cultura de Morelos. Fue publicado el mismo años por el Fondo Editorial del Estado de Morelos.

[2] Rubio Rosell, Carlos; “Las profecías de Carlos Fuentes”, Milenio, 04 de septiembre de 2020, s/p. Encontrado en: https://www.milenio.com/cultura/laberinto/carlos-fuentes-profecias-de-un-escritor-mexicano

[3] Vargas Llosa, Mario, La civilización del espectáculo, Alfaguara, México, 2013, p. 57.

lunes, 11 de mayo de 2020

Reseña Cartas a una joven feminista

Escribir es persistir
Andrea Gorgonia Treviño 

CARTAS A UNA JOVEN FEMINISTA - LIBRO IMPRESO - CORZO

El feminismo, además de ser un movimiento político, es un elemento catalizador. Para quienes se adentran en el mismo encuentran la liberación, el poder y la empatía que surgen de él como un motor o refugio. En Cartas a una joven feminista de la autora Alma Karla Sandoval, los temas que surgen y giran en torno al feminismo transgreden, por la palabra y lo poético de la escritura, de una forma que sólo las cartas podrían hacerlo.
En la intensidad y profundidad que entrega la autora en su obra se revelan cuestiones que conciernen a la sociedad y nuestra persona: desde la posición de la mujer ante el patriarcado, los ideales de belleza impuestos y los estereotipos perpetuados históricamente sobre la idea de la mujer perfecta, sumisa y obediente hasta llegar a las últimas revueltas de las que somos parte. Lo que hace Sandoval en este libro va más allá de resignificar no sólo el género epistolar en el que escribe, sino también darle otro sentido a lo que creemos conocer. Vemos una resignificación del papel de la mujer en cuerpo y principios, una nueva manera de nombrar aquello que siempre nos ha sido prohibido, silenciado, en función de los cambios sociales de los cuales todas somos partícipes.
A lo largo de doce cartas, la autora revisa las condiciones que nos quebrantan; el acoso, desapariciones y feminicidios. Propone, al mismo tiempo que las menciona, un decálogo para desmontar las estructuras de la violencia y la dominación con el propósito de acercarnos a un cuestionamiento en el que se insiste el condenar al amor romántico, tomar la decisión de nuestros propios cuerpos, preservar los recursos intelectuales de las teóricas y practicantes del movimiento y, sobre todo, ofrecer una mano a las mujeres que se adentran y permanecen en el feminismo para continuar, cuestionar y persistir en el mismo.
La voz que narra todas estas entregas acompaña y guía ante los puntos que despliega la autora, y se nos presenta como una amiga, una compañera que, a través del lenguaje, ordena lo que hemos defendido por tantos años. Su escritura llega como un mensaje de sororidad en medida que también se abre con las lectoras de la mano de lo personal en función de bitácoras de su propia vivencia para encontrarnos, como si fuera un espejo, en sus palabras y reflexiones.
Cartas a una joven feminista, nos recuerda que el feminismo va más allá de la liberación y el empoderamiento. Es en sí, una entrega que nos hace ver nuestra realidad con una visión mucho más sensible de la vida, una con más profundidad que nos acerca al diálogo, a la reflexión, al análisis y la interpretación de todo lo que nos rodea. De manera entrañable e insumisa, como la misma autora describe en las dedicatorias de sus cartas, este libro nos recuerda que el feminismo es aquello que le da sentido a la mujer en un mapa cuya cruz es la liberación.

martes, 28 de abril de 2020

Ligas a sitios electrónicos que hablan de la obra de Alma Karla Sandoval




Biográficos

Entrevistas

Obra




Noticias





viernes, 3 de abril de 2020


Diatribas del Amor Romántico



Me llamó la atención el título Diatribas del Amor Romántico, iniciar definiendo me permite entrar de manera directa al discurso que se da por capítulos muy bien llevados, nos va guiando suave, directamente a la reflexión y enfrentar el Amor…

¿Por qué no amar cómo nos enseñaron? Como lo menciona  Alma Karla, porque ahí no seremos protagonistas, no poseemos el relato, todo el libro lo siento intenso en las afirmaciones que están presentes y las seguimos disfrazando románticamente,  cada título posee el discurso correcto para argumentar, ¿Porque no  enamorarse como todo el mundo? Karla comenta: “Porque el amor romántico se traduce en adoctrinamiento: una religión o droga dura que mata en pequeñas y grandes dosis las garantías de libre tránsito de la personalidad, el deseo y la fluidez de el mismo”.

Me identifico con varias diatribas: “El amor es una droga dura, te hace ver personas que no existen”, “Sal de Ítaca, Penélope, el mar también es tuyo”, “Anti pedagogía  de la cortejada” por mencionar algunos, a través de la lectura vas desmitificando  los conceptos aprendidos, repetidos una y otra vez, cuantas veces vemos ese amor romántico que no existe o en algún tiempo como Penélope pensamos en esperar y tejer, tejer esperando, ahora tejemos nuestras redes de  mujeres, nos reunimos y acompañamos, el mar si es nuestra, la calle es nuestra, caminamos juntas y en la antipedagogía de cortejada  podríamos repasarla varias veces.

El libro es un deleite de ensayos que pueden volver a leerse una y otra vez porque tienen la estructura clara y precisa, el lenguaje correcto , argumenta, menciona o ejemplifica la circunstancia que hace las diatribas del amor romántico las herramientas  para decir  Ni  Aquiles, ni Perseo  cito textualmente de Alma Karla “Ser feminista ahuyenta a los hombres, en efecto, pero a los empeñados en vivir en otro siglo, a los inseguros, a los de poco alcance intelectual, a los manipuladores, a los misóginos, a los psicópatas; a los que ponen en riesgo o impiden tu dicha, tu plenitud. Bendito feminismo, precioso escudo protector. Ni Aquiles ni Perseo tuvieron uno así.”

Gracias Alma Karla por escribir y permitir leerte, “El amor más allá de la pareja existe y quizás sea más importante” (A.K.S.)  y tú eres de las mujeres, amiga, compañera que das, acompañas, compartes conocimiento, sí, estás más allá de la pareja, eres de las que dan amor y acompañas cerca o lejos con tus letras para romper las barreras, cadenas y mitos así nos vamos deconstruyendo.
Abrazos sororos y llenos de amor dismitificado, no al amor romántico que nos deja esperando…

Leonora Valentina Jiménez Franco.



jueves, 2 de abril de 2020

Diatribas del amor romántico
Alma Karla Sandoval


La autora, arriba sin dilación a un punto central de interés mundial: “El amor romántico como problema de salud pública”. Llegado a ese punto sabes, que es un libro que hay que leer al hilo para posteriormente hacerlo nuevamente con pausas por todos sus recovecos. Es agradable encontrar tantos autoras y autores citados con tanta prudencia por Alma Karla Sandoval, son paraderos sincréticos entre lo dulce de la legible inteligencia que penetra y la amarga diseminación de ejemplos que describen eslabón por eslabón las cadenas con los que el amor romántico se encarga de reducirnos y degradarnos. Diatribas demoledoras del lugar común, una lectura justa para un tiempo donde el silencio está roto. Hay una claridad indiscutible que desmorona las narrativas públicas con las que ha sido legitimada la desigualdad, el abuso y corrupción del amor romántico.

 Lo personal es político, la autora construye en el puerto un rompeolas donde podemos pararnos con firmeza en esta lectura mientras vamos desmoronando nuestra propia historia en el imaginario al unísono de pasar a la página siguiente. La inutilidad y el mercantilismo socio cultural y político del amor romántico queda al desnudo en este magnífico libro en donde deja en claro el alto costo de no tener pene, pero más aún lo tiene querer plantearnos como iguales ante los hombres, en palabras de la autora: “exigir respeto se traduce en sublevación, una declaratoria de guerra, ruptura de una norma por la que te castigaran”. 

Cecilia Ramos 
Cuernavaca Morelos, abril 2020.

sábado, 14 de marzo de 2020


Tríptico de arqueros

Resultado de imagen de amor con cubrebocas

I
Nos tuvimos que encerrar por la peste de allá afuera. No sé cómo llegué a su bungalow si estaba pensando en otra; pero Aída hablaba adivinando lo que yo sentía. Era cómodo no fingir mientras nos burlábamos de la gente con cubrebocas, de las caras de los locutores en la televisión informando el número de muertes. Cínicos y felices (entonces no me daba cuenta de la dicha) abríamos botellas de vino, lavábamos los mismos vasos y comíamos un poco de pan con queso. La cama era mesa, sala y jardín porque soñábamos con ir a los viveros y comprar orquídeas, calas, geranios, girasoles, pensamientos, lirios y todas esas palabras que en la boca de mi amiga se convertían en besos granates de merlot, en olores de un par que jugaban al cíclope y a la luna temblorosa en el agua de una novela que comenzaba a reconocer.
     Luego el tiempo, el azar, la memoria, el espejo, el laberinto, los tigres. Así hasta la noche y el noticiario de las diez con las mismas recomendaciones: salir lo menos posible, usar tapabocas y no besar a nadie. Lo único que podía hacer el país era esperar a que se redujera el índice de contagio. Lo más seguro, que los enfermos entubados iban a morir. Al escuchar otra vez esa información, Aída se asomaba a la calle de acacias eternas que sólo hay en esta ciudad y dirigía su vista al cielo. Contaba el número de estrellas y de nubes sobre la barranca honda del paisaje. Entonces se quedaba en silencio. Fueron los instantes que menos disfruté porque temía que desapareciera observando la soledad de la avenida. No se lo dije, pero el vidrio del ventanal me parecía una puerta entre dos mundos paralelos. Para mí ninguno era real porque afuera todo era apocalíptico y adentro gozaba del Génesis que tal vez no merecía.
     "Así es como comienza a terminarse el mundo", me dijo la tercera vez que despertamos. Le respondí que más bien de esa manera se fundaba el universo.
II
Sospechaba que podría convertirme en su juguete. Estaba sola y sólo podía hablar conmigo porque yo volvía a sus pintores y narradores predilectos, porque la dejaba estar en paz con su locura y la incomprensión del mundo. No preguntaba. No emitía opiniones que pudieran detener el flujo de su conversación. Ella quería ser libre, pero luchaba bastante frente al espejo. Repetía una canción de Fito Páez cuando no estaba dibujando a escondidas algún pedazo de primavera. También sé que no se esperaba lo que ocurrió en aquella semana de la peste. Fueron decenas de horas memorizándola con las manos y los otros sentidos lentos, satisfechos.
     El aire parecía filmar muy despacio nuestra alma. No quería olvidar su ojos ni su voz en ayunas. Me habría gustado encerrarla en un libro porque esa era la única prisión que ella podría tolerar. Sin embargo me enteré de que Aída era prófuga de otras páginas, de márgenes muy estrechos para la felicidad que provocaba sin sospechar el verdadero tamaño de esta devoción. Y es que cuando me preguntaba por otra, yo respondía entusiasmado. Le hablaba de la piel de esa muchacha, del perfume cítrico, la cabellera brillante y la cintura breve que dije extrañar. Aída me escuchaba atenta. Luego preguntaba detalles: la duración del primer orgasmo, las palabras compartidas, las posibles promesas como peces de colores en su imaginación. "Todas las promesas son bellísimas, pero requieren de su propio ecosistema, aguas y reflejos para no sentirse tristes".
     La primera vez que hablé de la muchacha lo hice para confirmar que yo no era una historia importante para Aída, que tal vez no podría serlo más allá del virus, de la encerrona, de nuestras soledades casi gatunas en una pequeña ciudad de descanso que no era nuestra. La segunda vez, al comprobar que mi amiga no se incomodaba, le hablé con más intensidad de aquella mujer alegre y joven. Mi compañera actuó igual, preguntando, aconsejando, riendo y celebrando lo que llamó mi frenesí por una nereida del post-post. La tercera vez fui yo quien se sentía enojado. Desvié la pregunta sobre la frecuencia con que pensaba en la otra. Me dio un arranque y besé a mi cómplice. Esa tarde algo quedó de violencia en nuestro abrazo. Aída se quedó dormida en mi pecho y mientras la primera estrella brotaba sin prisa en la frontera del ventanal, lloré con culpa. No era más que un mentiroso.
III
Claro, me desaparecía por momentos. Me quedaba callada porque lo había inventado todo, hasta la lluvia que pretexté para escribir el poema y la historia que te trajo. Hacía frío, eso sí fue verdad. Por eso desnudarme era difícil. No sabía que vendrían fotos y luego el cuadro que él pintó y nunca quiso darme. En eso pensaba mirando la ciudad sitiada por el virus. Tú seguías ahí, escuchando, enamorándote –ambos actos son lo mismo–, aunque yo resistía. La última vez que lloré cuando un hombre me confesó sus sentimientos cenábamos con velas y le dije que no deseaba hacerle daño. No lo entendió. Era más joven, como tú. Compraba chocolates y artesanías para mis ojos. Le gustaba el abismo, pero llevaba un paracaídas de repuesto. Nació el día del terremoto. Me dejó un tatuaje y hecha trizas. Eso casi fue lo último.
      El más reciente entraba al chat con equipaje de erotómano. Mientras las frases y los besos negros iban de un lado a otro de las computadoras, yo buscaba tu huella. Una vez la memoria sacó su látigo y me acordé del de la pintura. El erotómano confesó estar pensando en una ex novia. También nos mentimos esa noche en medio de penetraciones virtuales. Éramos más amigos que amantes y contra la naturaleza de esas relaciones ni Dios puede. Busqué la novedad para llenar aquello más hondo. Entonces comenzamos a charlar. Era refrescante saberme cazadora, tigra; jugar porque en serio sólo había encontrado un puñado de adioses indigeribles. No contaba con que cansada de coincidencias, de noches sin dormir conversando de madrugada, llegábamos a nuestros trabajos ojerosos, pero plenos. No hacía falta dar explicaciones. Nunca hubo necesidad de hacer referencia a ninguna parte de nuestros cuerpos cansados de tocar sin tocar al otro. Ya nos conocíamos. Te daba clases de italiano en la academia del centro de la ciudad. Pero sólo tres horas a la semana hasta que nos encontramos tomando café gracias a una amiga en común. Facebook hizo lo suyo.
     En abril no querías regresar a tu casa. La influenza nos confinó. Para entonces chateábamos a diario. Aquella fue una de las conversaciones más entrañables de mi vida. Comenzamos a las cuatro de la tarde y a las once tomaste la decisión de tocar el timbre. No hablamos. Estábamos hartos de las palabras. El primer día salimos a comprar víveres sin tapabocas. El supermercado estaba lleno. Hicimos una fila interminable y no nos importó. Habíamos vuelto a conversar. Recuerdo que pesaban mucho las siete botellas de merlot. Por momentos sentía que estábamos tratando de dejar Las Vegas, que éramos como los personajes de una película o de aquella novela desolada, como el Cónsul de un volcán debajo de la derrota para cual hemos nacido. No estábamos inventando ninguna clase de amor, me repetía. Simplemente no podíamos estar solos porque teníamos miedo del contagio o porque, tal vez, teníamos que dormir juntos y hacerlo de todas maneras para dejar de desvelarnos. Había que romper un hechizo que se había vuelto insoportable. Calculé, lo admito, calculé el tiempo que duraría. Era directamente proporcional al deseo, el control de la epidemia, la comida y, sobre todo, el alcohol.
    Pero nos descubrimos bebedores aletargados. Nos gustaban las caricias, quizá tanto o más que las palabras. Tu ternura debajo del disfraz de Casanova me desarmó. Mi llanto en la regadera porque hablabas de otra mujer me reveló el riesgo. Esperé a que durmieras para llamarle al erotómano y pedirle que viniera a hacer visita. Estuve a punto de proponer un trío, pero eso habría sido peor que apuñalarte. Todo pasó muy rápido. Fernando llegó con mascarilla. Tú te vestiste. Tomamos café los tres en la sala. Luego ravioles. Se nos hizo de día acabándonos las botellas. Nadie quiso salir a la peste. Ustedes siguieron hablando de música y yo me retiré a la recámara. Dormí hasta que se volvió a hacer de noche. Me levanté buscándote. El bungalow, con los trastes limpios, se había quedado solo.


Alma Karla Sandoval